¿Cómo se genera un Ojo de Agua?
“…ya sean las estrellas que brillan en los cielos, o los musgos, que forman una alfombra verde sobre la cara de una roca, debe ser tratada con el mayor afecto y respeto, con reverencia, incluso, porque hace que nuestro espíritu crezca más allá de nosotros mismos.”
Un ojo de agua puede tardar milenios en generarse. Primero, se debe ir expandiendo ese vientre subterráneo donde se almacenara el agua: el manto acuífero. Para ello, las capas de arena, grava, arcilla debieron previamente sedimentarse en un fluir de millones de años, de manera que el líquido pueda filtrarse por entre estas rocas —que como fauces de la tierra reciben la lluvia o los deshielos— y conducir su agua recién depositada desde el cielo a un acogedor lugar que sirve como albergue. En el vientre de la tierra se conserva el agua como las gemas.
Hace unas cuantas semanas, entre los muchos temas que conversamos, un muchacho me terminó contando que su familia guardaba desde hacía aaaños el secreto de la ubicación de cuatro nacientes de agua que se escondían entre las montañas donde habían vivido sus antepasados en Sarapiquí. Un día de tantos, llegó un comprador inmobiliario, intermediario de una de las familias más poderosas política y económicamente del país, a ofertar alguna cantidad de millones por la finca, de la que bien sabían —aunque no se sabe cómo— brotaba agua. “Mi madre respondió que solo muerta la sacaban de allí”, me decía.
En los últimos años ha habido un apresuramiento por apropiarse de los territorios vastos en agua. Y no es esto novedad, sin embargo, con la demanda cada vez más atroz de este recurso, no será una sorpresa que quieran arrebatárnosla con más violencia.
Aunque la historia de migración, o como la llaman, de expatriación, o como también nos atrevemos a llamarla, de compra y venta del territorio, comienza con la United Fruit Company, desde los 70s y 80s vienen los inversionistas y agentes de real estate apropiándose más agresivamente de Costa Rica. Es actualmente el primero en la lista de países de Latinoamérica con mayor presencia de millonarios extranjeros. El sexto a nivel mundial. Porque aquí no hay traba alguna para comprar la tierra. Tienen las mismas condiciones que un nacional, con la diferencia de que ningún nacional cuenta con semejante capital.
Investigaba en otro momento, cerca del 2022, cómo la metáfora conceptual de “oro verde”, orientada a enaltecer la riqueza natural, de la que justamente se apropia Esencial Costa Rica, genera una desagradable distancia con la realidad del país en tanto promueve una imagen de paraíso —principalmente al extranjero, pero no estamos exentes nosotres “nacionales”— que no es real. Es eso, ilusoria, como la idea del paraíso mismo, de oasis quizá.
Hasta qué punto esa energía tan bondadosa e innegable que se desprende de los cuerpos de agua de nuestro territorio, y toda la vida que generan a su alrededor: mangle, bosque, ranas rojas y mariposas azules, hongos cuyos nombres desconocemos, nuestra propia vitalidad, nos permite desconectarnos de la realidad si no somos lo suficientemente cuidadoses, o si deliberadamente así lo queremos.
Me pasa muchas veces que cuando estoy lejos del país, o paso demasiado tiempo en la ciudad, lo primero que empiezo a extrañar son los cuerpos de agua. De primerísimo se me viene la sensación fría del río, el agua dulce que ha sido mi hogar. Más tarde me ilusiono con ir a ver caer el sol sobre el golfo de Nicoya en el Puerto con mis amigas. Y ya en un punto grave del mal de patria, empiezo a fantasear con ser mecida por el Mar Caribe.
Hay una nostalgia enorme que compartimos por los cuerpos de agua que se extienden en todas sus formas por este territorio que llamamos Costa Rica. Pero me cuestiono, con cuánta ilusión nos dejamos llevar por su encanto al punto de que generamos una desconexión con el contexto socioambiental que atraviesa el país con todo y sus aguas.
Un fenómeno curioso (que no sé si sea erróneo por haberlo observado a partir de una muestra muy reducida que solo corresponde a mi burbuja, o qué tal vez su existencia sí pueda ser avalada con datos) es que cuando en el país pasan sucesos weisos, la gente busca evadirse yéndose para la playa o la montaña. Es razonable, los horrores son insoportables y aquí hay una medicina en el solo verde inmenso que nos rodea.
Quizá nos hemos acostumbrado a su perpetua calidez, la del ecosistema que nos recibe con el amor más puro. El abrazo que nos regala incluso cuando no nos esforcemos por aprender más acerca de su forma de existir o sigamos dejando basura en sus alrededores “porque no la tiramos nosotres”.
De manera que, vale preguntarse, ¿somos realmente cercanes a los cuerpos de agua que tanto decimos disfrutar?, o tal nostalgia nos revela cuán alejades estamos realmente de vivenciar la magnitud de su importancia.
Cuando el manto acuífero se ha ensanchado hasta cierto límite, el agua que se ha venido acumulando por el continuo esfuerzo que implica bajar desde el cielo e infiltrarse por el paso agrietado y poroso de las rocas, empieza a emerger hacia la superficie como buscando subir y alcanzar de nuevo el firmamento. Como si extrañara las nubes que la condensan, el agua se empeña en surgir abriéndose paso por el suelo, fortalecida por todas las moléculas que la conforman y provocan una presión lo suficientemente generosa como para empujarse hacia la superficie y formar el Ojo de Agua.
Así, llora lágrimas dulces, suavemente, como cuando un ser vivo recién ha dado a luz a otra criatura, se ha desplegado en otro cuerpo y ambos, agotados del esfuerzo que demanda sustraerse de la oscuridad, finalmente, relaja sus fuerzas como entregándose a la muerte que también es la vida. Del mismo modo, con esfuerzo esclarecedor, el ojo de agua llora; llora de felicidad, porque significa que está dando a nacer todo lo que respira en la tierra con ese empuje vital.
¿Estamos conscientes de qué tan fácil es para la tierra llorar el agua y cuán difícil es que brote agua de la tierra?
De ser así, si aún creemos que nuestra conexión es tan álgida con la naturaleza, la pregunta ahora es si sabemos acaso de dónde está viniendo el agua que usamos todos los días, ¿o solo la damos por sentado? Como si no pudiera pasar que un día nos levantemos y no haya agua, tal cual sucede en lugares de la GAM como Hatillo, Alajuelita, La Carpio; también en las zonas del Pacífico Norte ha sido un problema constante por el déficit hídrico; o como si no hubiese reportes ya de ASADAs que no cumplen con los estándares de potabilidad del agua que suministran en Pacayas, Pérez Zeledón, Corredores y Orotina.
Un hito importante en la historia de las garantías sociales y los derechos fundamentales en Costa Rica, es la creación de la Asociación Administradora de Acueductos y Alcantarillados cerca de los años 60. Pequeñas agrupaciones de vecinos se reunían para solventar la necesidad de una óptima distribución del agua en las zonas rurales. Esos tiempos en los que la gente se preocupaba lo suficiente por su comunidad como para tomar un espacio de su día para organizarse con sus vecinos. Tiempos en que la atención no estaba tecnocolonizada y como sociedad invertíamos el tiempo en buscar mejorar nuestras condiciones de vida en lugar de dedicar el tiempo libre a scrollear o seguir algún estúpido trend de IA en RR.SS.
Esta despreocupación es posible sobre los hombres de múltiples personas en el pasado; gracias a la lucha social, la mayoría de la población costarricense tiene la comodidad de abrir el tubo de su cocina y obtener agua potable para su consumo inmediato. Sin embargo, ¿podremos decir en cinco o incluso menos años que somos de los pocos países en el mundo que tienen agua potable para todo uso, con tan solo abrir el tubo? Incluso cabe cuestionarse si ya nos estamos contaminando por dentro cual no hemos cuidado nuestras fuentes de agua, y en cinco años, o menos, estaremos noticiando que aquellas enfermedades venían generándose desde hacía ya bastante tiempo a causa del agua contaminada.
Un río no corre por artificio mágico, aunque sea un fenómeno natural, aún cuando estemos acostumbrades a verlos correr en la ciudad atestados de basura o nadar en los que aún se conservan prístinos. Un ojo de agua puede tardar miles de años en generarse, y depende de un ciclo de agua sano. ¿Pero y si no llueve? Y seguimos tan desconectades de los ciclos naturales que en medio Setiembre, incluso el mes más lluvioso, Octubre, seguimos sin percatarnos de que la lluvia ha disminuido hasta un 40% en zonas como el Pacífico Central, o un 30% en la GAM. Y nos quejamos: “qué pereza, parece que va a llover”, mientras en Guanacaste las vacas, los cultivos y la gente están rezando para que regrese la lluvia.
Esto es un llamado a averiguar cuál es el estado de las fuentes de agua que consumimos, a involucrarse en la organización comunal que hace posible la distribución del agua potable. A investigar sobre la condición del agua más allá de la comodidad de nuestras casas que aún afortunadamente se abastecen gracias a un esfuerzo histórico, que bien podría no sostenerse por mucho más tiempo.
Frente a la crisis climática a nivel global, y localmente el fenómeno del niño que aún siquiera alcanza sus efectos más graves, proponemos una guía rápida con algunas acciones que proponemos para amortiguar la escasez hídrica que podría afrontarse:
Comprometernos activamente con proyectos, programas y campañas comunitarias e institucionales de reforestación en nuestros pueblos o zonas prioritarias. Es importante promover la siembra de especies nativas que ayuden a proteger la cobertura vegetal, favorezcan la infiltración del agua en las cuencas e incrementen la recarga de los acuíferos locales, es decir, los ojos de agua de los que hablamos.
Algo simple: responsabilizarse de la basura propia, pero también extender la solidaridad como para recoger la que encontremos en la calle. Que no nos de vergüenza ensuciarnos las manos. Todes somos responsables de la despiadada producción de desechos.
Es primordial hacer un uso del agua CONSCIENTE. Esto puede empezar implementando hábitos sostenibles y eficientes en el hogar: cerrar la llave mientras se lavan los platos o los dientes, tomar duchas cortas, instalar dispositivos ahorradores de flujo y cosechar el agua de lluvia para tareas de limpieza, riego o servicios sanitarios.
El cambio también debe ejercerse en el fomento de una verdadera cultura hídrica y de empatía climática, por ejemplo, dejar de percibir la lluvia como un obstáculo o una molestia cotidiana y comprender su papel para revitalizar los ecosistemas, garantizar la seguridad alimentaria y abastecer las fuentes de agua de las que dependen comunidades enteras.
Por último, moderar y optimizar el uso de tecnologías emergentes e inteligencia artificial. El consumo energético e hídrico que estas exigen están llevando a una verdadera crisis ambiental y climática. En otras palabras, no utilizar la IA para hacer preguntas estúpidas o trends de redes sociales; reducir uso cuanto más se pueda, y en caso de ser absolutamente necesario, direccionarlo hacia acciones concretas, transparentes y eficientes para el bienestar social.
En conjunto, debemos responsabilizarnos de la realidad de Costa Rica, una nación que mientras se esconde tras una máscara verde y exuberante, no está pudiendo abastecer a sus propias comunidades de agua y tiene la osadía de proponer la construcción de data centers en zonas vulnerables, donde hay escasez hídrica o una mala administración denunciada desde hace años.
2 de Julio de 2026
En el horizonte se acomulan nubes blancas, unas trazadas de azul grisáceo parece que contienen agua. Los kilómetros que nos separan, ese aire denso que tendría que transportarme por encima de los árboles que aún conservan verdor, se me hacen inmensos. Me hace dirigir la vista al suelo, notar las grietas y el polvo seco. No están húmedos los caminos como deberían para Julio.
Cuento los días en que no ha llovido sobre esta tierra; mi delirio de responsabilidad y probablemente la culpa católica me hacen pensar que es un castigo. Y que tal vez allá lejos llueve porque no hay nadie. Que allá lejos fácil se desprenden las gotas porque es un perímetro donde no habita humano. Porque la lluvia se ha vuelto escurridiza y resiente nuestra mano deplorable y egoísta que no ha sembrado más que un solo árbol.
Mientras tanto, en la radio hablan del mundial.